Desde hace muchos años, la región de selva de Quintana Roo, entre otros territorios cercanos, han sido nombrados zonas chicleras, por la gran cantidad de árboles de Zapote que existen y la sobre explotación que afectó a la zona a finales del siglo XIX.

 

El chicle, que resulta de la deshidratación de la resina del chicozapote (Achras zapota), ya era conocido por los indígenas mayas, quienes lo llamaban sicté y lo obtenían extrayendo la resina mediante procedimientos ancestrales, con la cual después preparaban barras blancas que envolvían en hojas de maíz o de otra planta para procurar su endurecimiento. Lo usaban en algunas ceremonias religiosas, también para limpiar la dentadura y principalmente para mitigar la sed [Poot, 1982: 12]

 

A fines del siglo XIX comenzó la industrialización de este producto gracias a Antonio López de Santa Anna, quien durante su exilio en Nueva York, le dio a conocer al inventor Thomas Adams que era posible fabricar neumáticos con la resina, la cual llevaba con él para tratar de comercializarla.

Tras intentar realizar no solo llantas, sino juguetes y demás productos sin éxito, el hábil inventor lo puso a la venta en su manera pura y combinado con saborizantes y colorantes artificiales, con el nombre de New York No. 1, la cual se volvió tan popular que convirtió la fábrica de los Adams en un monopolio con los seis más importantes productores de goma de mascar de los Estados Unidos y Canadá, vendiendo su nueva marca llamada “Chiclets”.

 

En Quintana Roo, el inicio de la producción de chicle de manera organizada fue hasta 1917, donde los primeros trabajadores llegaron a Quintana Roo de lugares como Veracruz, Yucatán, Chiapas y Belice; los campamentos estaban en las inmediaciones de Santa Cruz de Bravo, hoy Felipe Carrillo Puerto.

 

De igual manera, en 1936 en la entonces conocida Hacienda Santa María, hoy Leona Vicario, el Gobierno Federal entregó 241 mil 83 hectáreas para la explotación del chicle y el palo de tinte, con la finalidad de colonizar este lugar.

Actualmente, en la zona de Leona Vicario y la Ruta de los Cenotes, cerca de Puerto Morelos, se localiza Central Vallarta, un campamento de principios del siglo XX, donde puedes ver árboles que aún muestran las cicatrices en su corteza, de esta técnica utilizada para obtener la sustancia gomosa del chicle.

 

Hoy en día, los pobladores de estos centros de producción chiclero ya se tuvieron que dedicar al trabajo del campo, ya que no es una actividad redituable con las grandes empresas que exportan el chicle.

En la actualidad, esta es una zona turística muy cotizada por la gran cantidad de cenotes y opciones ecoturísticas y de aventura.  Al estar su acceso justo frente a Puerto Morelos, su proximidad con Cancún y Playa del Carmen, lo hacen la opción perfecta para un fin de semana.  Si quieres conocer más de este período en la historia de México, te recomendamos en Netflix la película “SelvaTrágica”:  Para escapar de un matrimonio arreglado, una mujer se interna en las profundidades de la jungla maya, donde la naturaleza indómita fusiona lo humano con lo sobrenatural. Dirigida por la mexicana Yulene Olaizola, esta película ganó premios en los festivales de cine de Viena y Venecia 2020.